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Proyecto CAMBIE, Cambiamos de estrategia, pero no de enfoque

Hacia la reducción de daños como un modelo de atención integral.

Después de 10 años de trabajo hemos posicionado la reducción de daños en personas que se inyectan drogas como una práctica de la salud pública y planteamos unas reflexiones al respecto. Siguiendo con los pasos de la Metodología de ATS, desde el año 2019 nos empezaremos a retirar de la operación de proyectos en el territorio, pero desde ahora nos preparamos para profundizar en la asistencia técnica, la innovación y desarrollo de parafernalia, las salas de consumo supervisado, la red colombiana de reducción de daños, política de drogas y derechos humanos, así como la innovación social, investigación y gestión del conocimiento. 

Lo caminado… 

Cuando participamos en la construcción de la Política Nacional para la Reducción del consumo de SPA y su impacto, (PNRSPA) hacia mediados de la primera década del siglo XXI, siempre tuvimos claro que nuestro papel iba más allá de las reuniones, los talleres, las opiniones y la redacción de documentos, siempre tuvimos claro que nuestro papel estaba en la puesta en marcha, la implementación y como dicen los técnico-burócratas, aterrizar en la realidad política, las comunidades y los consumidores estos lineamientos de política pública.

Lo primero fue crear estrategias comunicativas para la reducción de daños a partir del trabajo con las comunidades afectadas y los consumidores, algo que para ese entonces era muy novedoso pero que afortunadamente hoy en día es toda una regla, trabajar con los consumidores como actores claves en los procesos. Le dimos color e identidad a la comunicación en drogas, hablando directo y con una gráfica atractiva. Nos tomamos los lugares de consumo, los muros de las ciudades, las actividades, los callejones, las riveras de las quebradas, debajo de los puentes, las ollas de consumo y en general la cotidianidad de la heroína.

En el año 2011 realizamos la serie documental “Heroína en Colombia: Hacia la prevención, mitigación y atención del consumo de heroína en Colombia” que, con el apoyo del Ministerio de Salud y Protección Social, dio voz y contextualizó los estudios que hasta la fecha se habían realizado y los que se estaban empezando a llevar a cabo. Pero la información para no intercambiar jeringas, tener cuidado al fumar heroína, la prevención del VIH o lavar una jeringa no era suficiente. Teníamos que empezar la estrategia de acceso a material higiénico de inyección y la información para usarlo.

Fue así como en el año 2013 con el apoyo de Open Society Foundation (OSF) y Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD) de España, así como el constante acompañamiento de Inés Elvira Mejía, reconocida investigadora colombiana en Reducción de Daños, emprendimos la tarea de poner en marcha este proyecto; visitamos InSite en Vancouver (Canadá), la sala de consumo supervisado más grande de América y también Baluard una de las salas de consumo de Barcelona. La diferencia en esta ocasión con las anteriores era que durante años muchos profesionales, técnicos, funcionarios e investigadores habían visitado estos y muchos más proyectos de reducción de daños en el mundo sin avanzar en su implementación, nosotros desde Acción técnica Social asumimos el reto de hacerlo y ponerlo en práctica. Nos atrevimos a poner jeringas limpias en la calle cuando nos acusaban de delitos y promoción del consumo.

En el año 2014 con el apoyo de OSF nació el proyecto CAMBIE que en sus inicios se llamó programa de intercambio de jeringas, tiempo después programa de acceso a material higiénico de inyección y hoy en día se llama CAMBIE: Programa de atención integral para personas que usan drogas por vía inyectada, reflejando así la evolución del proceso.

Con fases de alistamiento de aproximadamente seis meses, en las que se hicieron diagnósticos e identificación de necesidades en cada territorio, abrimos en Pereira en marzo de 2014, en Bogotá en marzo de 2015 y en Cali en enero de 2016. El proyecto se consolidó con el acompañamiento y el apoyo de las secretarias de salud de Cali, Pereira, Dosquebradas y Bogotá, en el año 2016 con el apoyo del Ministerio de Justicia y el Derecho, y en el año 2017 con el apoyo del Fondo Mundial de Lucha Contra el VIH/ SIDA a través de FONADE.  Hoy en día contamos con más de 2.200 personas inscritas al programa y atendemos diariamente entre 250 y 300 personas en las cuatro ciudades donde operamos. Corporación Viviendo en Cali y Temeride en Pereira también han sido grandes aliados para sacar este proyecto adelante.

Tres poblaciones diferentes nos plantearon retos igualmente diversos. La MATS (Metodología para la Acción Técnica Social) nos permitió desde los diagnósticos participativos con los usuarios y las estrategias comunicativas abordar una población consumidora doblemente oculta como la bogotana, que se caracteriza por ser clase media universitaria, con capital cultural y que prefiere los consumos interiores, aislados e individuales. Por otro lado, Pereira, Dosquebradas y Cali presentaron una población especialmente habitante de calle, de consumos a cielo abierto, en calles, callejones, rivera de las quebradas y andenes con prácticas de altísimo riesgo al compartir material higiénico de inyección.

La reflexión…

Haber llegado hasta este punto nos llena de alegría y emoción por haberlo logrado, pero el camino no ha sido sencillo y también hemos cumplido un ciclo metodológico que implica un cambio, como por ejemplo que el gobierno nacional y local asuma la responsabilidad del sostenimiento de los programas, por lo tanto, hay que cambiar, innovar, renovarnos y ajustar la estrategia sin perder el enfoque, entre las principales reflexiones:

–La reducción de daños como un ejercicio práctico: Lo que en la política era un discurso, en el plan de respuesta al consumo de heroína párrafos, lo volvimos acción: entregar material higiénico y enseñar su uso, entregar Naloxona y salvar vidas de la sobredosis, crear redes de apoyo para mejorar la salud, la imagen personal, el autocuidado y la autoestima y así la calidad de vida de las personas consumidoras, eso y más es reducción de daños. Generamos respuestas a partir de las necesidades de los usuarios desde la perspectiva de los derechos, y no avanzamos en acciones desde los supuestos –muchas veces bien intencionados- de los expertos en intervención en drogas.

–En Colombia ya no es un escándalo hablar de jeringas: Hoy en día muy pocos se oponen a las estrategias de acceso a material higiénico de inyección (excepto cuando se infunde miedo en época electoral). Desde el presidente hasta el consumidor hablan de reducción de daños, desde el dealer hasta el psiquiatra reconoce nuestra labor. Los medios de comunicación (aunque no faltan los sensacionalistas que solo buscan la imagen de la jeringa en la vena mientras sangra) comprendieron la estrategia como una medida de salud pública, para cuidar la salud de quienes han decido consumir y una puerta si algún quieren dejar de hacerlo.

–El trabajo mancomunado entre estado nacional y local, sociedad civil, cooperación internacional y los consumidores es posible: El estado no lo puede hacer todo ni lo sabe hacer todo, el estado no puede cooptar y apropiarse de las ideas y los proyectos de la sociedad civil, la sociedad civil no es un simplemente critico de la ausencia del Estado y ni la sociedad civil o la cooperación internacional pueden reemplazar al estado, las autoridades locales no son simples observadores de lo que pasa y los consumidores pueden hacer más que dejar de consumir para cuidar su salud. Superar estas y otras situaciones ha logrado crear una sinergia de trabajo donde todos vamos conociendo nuestras limitaciones y oportunidad para poner a rodar un proyecto conjunto. Esta sinergia se está consolidando como un referente latinoamericano de trabajo en reducción de daños.

–La reducción de daños no reemplaza la prevención ni el tratamiento, se complementan de manera transversal. Aunque la psicología (promotora de la prevención) y la Psiquiatría (Adalid del tratamiento) vieron amenazados sus territorios por la entrada de los sociólogos y enfermeras (incitadores de la reducción de daños), con el tiempo se han entendido que pueden trabajar en conjunto y colaborarse, ninguno de los tres tiene la verdad absoluta, pero tampoco puede trabajar aislados. La reducción de daños puede compartir con la prevención en que pudo haber fallado y de la misma manera puede ayudar a explicar por qué las altas tasas de reincidencias y recaídas en los tratamientos. Buscamos entre todos una prevención más realista y unos tratamientos menos farmacológicos. Mientras tanto entre todos construimos mejor capacidad de respuesta.      

–Debe haber presupuestos permanentes y regulares. Los programas de reducción de daños son costosos, pero según nuestros cálculos preliminares no llegan a una tercera parte de lo que le cuesta al sistema de salud atender los daños en la salud individual y colectiva, como consecuencia de no llevarlos a cabo; sin hablar de la ínfima cuota de lo que es la interdicción en drogas en Colombia. Durante tres años de actividades, hemos tenido que suspender servicios por unas semanas por falta de recursos, y esto puede destruir años de trabajo y sobre todo de confianza de los beneficiarios. Durante varios meses nos tocó sostener el proyecto con recursos propios y esto es inviable, el Estado en todas sus manifestaciones debe ser quien financie este tipo de programas de manera continua, los demás acompañamos, gestionamos, operamos e innovamos.

–Los estudios, lineamientos y proyecciones deben ajustarse más a la realidad que a la teoría. Los documentos que han dado pie para la implementación de estrategias de reducción de daños deben tener la capacidad de retroalimentarse desde la práctica y la puesta en marcha de estas acciones. La institucionalidad y el Estado, aunque ha mejorado, debe avanzar en la flexibilidad de sus procedimientos, en la reducción de la burocracia y en la modernización de las intervenciones. Si las organizaciones de la sociedad civil y los consumidores como operadores pares hemos sido capaces de ajustarnos a la repetitiva burocracia institucional; así mismo la academia, el Estado y la norma deben dar pasos significativos en transformarse para la gente y sus aliados.

Cambio de estrategia al servicio de los consumidores, el Estado y la innovación…

La experiencia que hasta ahora hemos acumulado, la evolución en el abordaje del tema de la reducción de daños en Colombia, el empoderamiento de los actores nacionales y locales, así como los escenarios futuros que se presentan para la sostenibilidad de los programas para personas que se inyectan drogas, nos permiten enfocarnos en las siguientes acciones para la cualificación, expansión y mejoramiento en Colombia y América latina. El camino recorrido, así como las reflexiones responden al cumplimiento de una ruta metodológica y maduración organizativa que nos permite llegar a tomar este siguiente paso, en CAMBIE por ejemplo nos arriesgamos- innovamos, aprendimos sobre el camino de la mano de los usuarios, y en cierta forma de las instituciones, por gran parte de nuestra evidencia hoy hay lineamientos, protocolos, guías y rutas que nos permiten acompañar desde la distancia.

–Asistencia técnica a los actores locales para programas de reducción de daños a inyectores de drogas. Desde el año 2019 iniciaremos nuestra retirada de la operación de proyectos en las regiones, para concentrarnos en la asistencia técnica a los actores locales de todo tipo como pueden ser: sectores del gobierno, academia, organizaciones de la sociedad civil, organizaciones de consumidores, sector salud etc.; hemos ordenado toda nuestra experiencia y conocimiento para poder acompañar estos procesos teniendo en cuenta la realidad local y el contexto.

–Red Colombiana de Reducción de Daños, Política de Drogas y Derechos Humanos. En un ejercicio por formalizar de manera tranquila y dinámica, el trabajo que de manera informal venimos realizando desde años diferentes organizaciones en Colombia, en torno a la reducción de daños, los derechos humanos y las políticas de drogas, estamos acompañando la creación de esta red que esperamos llene ese vacío de cohesión que sobre estos temas pide Colombia actualmente.

–Innovación, Desarrollo y Venta de parafernalia para el consumo de drogas. Después de lidiar con más de 20 proveedores diferentes, conocer cerca de 40 productos diferentes para conformar los diferentes kits de inyección y de haber desarrollado piezas únicas en Colombia, hemos llegado a un punto de equilibrio entre calidad, precio e innovación para proveer el material de inyección de la mejor calidad. Esta información incluye un análisis de contexto, formación para la entrega y recolección, material informativo complementario en reducción de riesgos y daño etc.

–Innovación social, investigación y gestión de conocimiento: A través de nuestro equipo de consultores e investigadores, apoyados en redes nacionales e internacionales de trabajo, teniendo como plataformas los diferentes eventos de formación, actualización de conocimiento y debate que organizamos, participamos o hacemos parte. Podemos aportar en el conocimiento y la construcción de capacidad de respuesta para la implementación de proyectos de reducción de daños.   

–Salas de consumo supervisado: Desde el año 2015 venimos avanzando en generar las condiciones adecuadas para poner en marcha una sala de consumo supervisado en Colombia, desde nuestra interpretación y con el acompañamiento de las autoridades nacionales y locales, ya se puede poner en marcha, no obstante, este salto debe no solo garantizar condiciones técnicas, económicas y políticas, sino responder a las necesidades del contexto y garantizar el uso por parte de los usuarios. Estamos en esta tarea.