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SpeedBall Criollo, el consumo alternado de heroína y basuco un nuevo reto para la reducción de daños y la salud pública en Colombia

Por:
Felipe Muñoz
Michelle Mateus
Proyecto Cambie Cali
Corporación Acción Técnica Social

Cuando se habla de habitante de calle, se tiende a tener supuestos que se han ido construyendo desde los imaginarios colectivos, desde los cuales, se asume que la persona que está en calle, “es un adicto y por eso quedó así”, “está ahí porque quiere”, “¿quién sabe que habrá hecho?”, entre otros estereotipos que clasifican, estigmatizan y discriminan a un ser humano, que, en muchos casos, ya fue rebajado de su condición humana y sólo hace parte del paisaje contaminado de las ciudades, un “desechable”.

Para el caso de Cali el número de habitantes de calle no es claro pues no están completamente caracterizados. Se estima desde la Secretaría de Bienestar Social y Desarrollo Territorial, que, en Cali para marzo del 2016, habitaban las calles un poco más de 4000 personas. Los motivos por los cuales se encuentran habitando la calle, varían y eso remite a un análisis y una reflexión sobre el tema que no es el interés de este escrito. En cambio, la intención es hacer una invitación a la reflexión y la sensibilización sobre el modo en que percibimos y pensamos a ese habitante de calle que, no necesariamente, consume sustancias psicoactivas –SPA-, pero que en definitiva es un sujeto de derechos y una vida que vale.

La amplia variedad de estigmas, prejuicios y discriminaciones que pueden experimentar estas personas día tras día, remite a una variedad de motivos. Sin duda pensar que alguien consume una SPA ilegal es algo impactante que, si le sumamos la posibilidad de que esta persona se encuentra en condición de calle, la situación se hace aún más sensible de observar, escuchar, oler, sentir e inclusive pensar.

En este orden de ideas las posibilidades de impactar positivamente en estas vidas parecieran no ser claras ni viables, no sólo por una falta de información frente al tema de las SPA sino por las dificultades estructurales en el Estado, la falta de sensibilidad y el desinterés político, por nombrar algunas. Por ende, con el fin de generar la posibilidad de reflexión y sensibilización presentaré una breve información, sobre sustancias que producen incomodidad y angustia en quien las escucha nombrar y no las consume, pero por el contrario produce placer y tranquilidad en quien la consume y las oye nombrar. Así, se podría sentar un primer panorama sobre el tema, pues es necesario hablar de estas sustancias y de estas personas, para encontrar oportunidades de impacto en su calidad de vida.

Heroína y Basuco

Algunas de las SPA que más estigmas, prejuicios y discriminaciones acarrean para quien las consume son el basuco y la heroína. Por eso, en este espacio se presentará un abrebocas de estas sustancias que generan tanto show mediático.

Para empezar el basuco es conocido como “basura sucia de la coca”, y es una extracción de la hoja de coca que no llega a ser procesada hasta convertirse en clorhidrato de cocaína, es decir, la famosa “coca” o el “perico”. Su vía de administración más común es la fumada en forma de cigarrillo con tabaco (pistolo), con marihuana (maduro) o en pipa (carro). Entonces se deben estar preguntando ¿qué siente una persona que consume basuco? Bueno, al ser un estimulante sus efectos se concentran en el sistema nervioso central y en el cardiovascular, aumentando las sensaciones y el ritmo cardíaco y la tensión arterial; por lo que los sentidos estarán sensibles y aumentará la sensación de pánico y/o paranoia. Sus riesgos son principalmente las alteraciones pulmonares y cardíacas, deshidratación y problemas digestivos, enfermedades en la piel, depresión en el sistema inmunitario y alteraciones en el ciclo del sueño por las vigilias.

Por su parte la heroína es nombrada en la calle como “H”, “Paco”, “blanca”, entre otras. Es una sustancia sintética derivada de la morfina que se extrae del opio y sus vías de consumo varían desde la esnifada, pasando por la fumada y la inyectada. La famosa y temida “H” genera una dependencia no sólo psíquica sino orgánica, puesto que genera un fuerte impacto en el sistema nerviosos central por la liberación de la GABA. ¿Entonces qué siente alguien cuando la consume? Sensación de bienestar y reducción del cansancio y el dolor, relajación, disminución de la ansiedad y rush. Y los riesgos van desde el síndrome de abstinencia que acarrea síntomas mentales y físicos por la dependencia ya mencionada, hasta la muerte por sobredosis.

¿Para qué sirve conocer esta información sobre el basuco y la heroína? Porque la información es una fuente de conocimiento, sensibilización y reflexión que permite pensar nuevos mundos posibles. En la medida que sea viable hacer lecturas diferentes de las SPA y sobre esas personas que viven en la calle y creamos que de manera casi directa tienen una relación de consumo de SPA, es posible entonces, reconocer a ese sujeto desde una orilla diferente en donde se afirma que tiene derechos y es una vida importante para la sociedad.

Los estigmas, los prejuicios y las discriminaciones datan de tiempos inmemorables, pero empezar a derrumbarlos y cuestionarlos hace posible un nuevo abanico de oportunidades para impactar positivamente en la calidad de vida de las personas habitantes de calle, que consumen o no SPA, y de quienes independientemente de sus viviendas presentan un consumo problemático. Así que este breve escrito fue una invitación a la reflexión, sensibilización y la búsqueda de información clara y certera sobre una problemática que tiene varias aristas y que debe ser abordado desde la innovación social.